Vivir en cristiano en un estado laico

Por Felipe Santos


La existencia de la laicidad es la única oportunidad para que cada uno, alumno, profesor, madre o padre, encuentre en la escuela y en la familia el espacio de libertad en el que se ejerce la razón crítica fuera de toda verdad revelada; el espacio de libertad en el que cada adolescente forja su espíritu sin hallarse constreñido por su pertenencia a una comunidad de identidad y a fortiori religiosa; el espacio de libertad en el que las chicas pueden evolucionar sin verse opuestas a una prohibición debida a su sexo y el velo que las separa del resto de la humanidad; el espacio de libertad, en fin, que permite a cada uno más allá de su pertenencia específica y de expresión legítima de su alteridad, acceder a la universalidad de la condición humana.

La palabra laicidad representa hoy todas las censuras. En nombre del respeto de las conciencias hay que acallar sus convicciones, ¿Al menos las religiosas y más todavía católicas? ¿Por qué no los otros pensamientos que afectan a la sociedad o a la meteorología? No es extraño que se haya llegado al ateísmo para mantener una posición más neutra que la fe. Veo bien que los católicos interioricen este terror anodino y se mantengan en silencio. ¿Cuál es la falta del clericalismo? Recurrir a los medios del poder para pasarse por religioso; también es la forma de comportarse si la Iglesia no tuviera en cuenta en rendirse al poder público. La falta no es diferente, la falta es la misma, por parte del laicismo que tiende a la neutralidad en el Estado en el silencio de las conciencias.

LA NEUTRALIDAD DEL ESTADO PARA PRESERVAR LA PAZ CIVIL

Debemos construir una laicidad abierta que ayude a vivir juntos, se sea creyente o ateo. En cuanto al ejercicio del culto, ¿le compete al Estado laico o a la sociedad?

Si una comunidad religiosa, una iglesia interviene en el debate público, ¿ se debe decir que se sale de su papel o que manifiesta ilegítimamente su opinión? ¿Por qué se hace esta crítica?

El mismo presidente de Francia y su gobierno se encuentran en una encrucijada de caminos. Por un lado, los propagandistas del islamismo, que tienen redes de enlace con la prensa y en las altas esferas para los que la amplitud del frente antiliberal está bien el velo, tomado como una amenaza de fuerza.

Ante estas situaciones hay creyentes cristianos que prefieren capitular ante la Iglesia, sin miedo a abrir la vía la escuela musulmana por la presión islamista.

Por otra parte, los profesores, desilusionados por las condiciones en las que trabajan, se dan cuenta de que no son antirracistas. La mayoría de musulmanes, practicantes o no, creyentes o no, sólo pide ser musulmán como otros son católicos, judíos o protestantes: sin sentirse obligados a formar estado. Y sobre todo, un masa inmensa y silenciosa de mujeres y chicas que esperan librarse del miedo (y del silencio).

LA LIBERTAD DE PENSAR Y DE CREER O NO CREER

El derecho y el deber de buscar la verdad para la propia vida, la posibilidad de decir algo, el estatuto de la conciencia. ¿Qué es lo que fundamenta, en definitiva, la fraternidad entre los hombres? ¿Son las religiones factores de división o de fraternidad? El ministro de educación se dirigía así a los profesores: “ Hablad con la mayor reserva posible cuando veáis que afloran sentimientos religiosos de los que no sois jueces. Tratad este tema con la mayor escrupulosidad posible ya que se trata de algo delicado y sagrado como es la conciencia del niño..

Cuando le preguntaron si en una sociedad sin Dios desaparecería toda trascendencia, contestó: “ No. Estigmatizamos el materialismo contemporáneo, el universo del dinero. Constato, sin embargo, que nuestras sociedades mantienen una relación real con ciertas exigencias morales, sobre todo las de los derechos del hombre. Pero se va más lejos todavía: pues seguimos por encima del derecho y de la moral y nos interrogamos acerca del orden espiritual: ¿cómo afrontar la muerte del prójimo? ¿De qué sirve envejecer? ¿Cómo educar a los niños? Estas cuestiones son extra-morales. Surgen de una exigencia de espiritualidad o de sabiduría. Es ella la que he querido tomar en cuenta en mi libro, situándome desde el punto de vista laico de no-creyente.

Partiendo de la experiencia del sentido del sacrificio, de una jerarquía de valores, de la pérdida de una sociedad sin Dios, esbozo las premisas de una espiritualidad no religiosa, de una posición filosófica que quiere claramente asumir este espacio.

LO QUE CONTIENE LA SEPARACIÓN

El artículo 2 afirma: “La República francesa no reconoce, ni subvenciona, ni privilegia ningún culto. Sin embargo los inscritos en los presupuestos del Estado los gastos relativos a ejercicios de capellanías y destinados a practicar el libre ejercicio de cultos en los establecimientos públicos como institutos, colegios, escuelas, hospicios, asilos y cárceles".

Y en el artículo 1 se dice: “La República asegura l libertad de conciencia. Garantiza el libre ejercicio de culto según las restricciones emanadas del interés del orden público.

“La separación significa la neutralidad de Francia y de la forma política del Estado, Esta neutralidad tiene un objetivo, que es la paz civil, el orden público: se trataba de poner fin a lo que se llamaba la ostentación hegemónica dela Iglesia católica en Francia".

Este principio de neutralidad se ha entendido como una victoria contra los religiosos, sobre todo de los católicos; una victoria de los sin Dios.

Resulta que si el estado es laico, no lo es la sociedad. Los católicos testimonian que la práctica administrativa, reglamentaria y de jurisprudencia favorable al ejercicio del culto, ha sido, durante siglos y siglos, un factor muy importante de integración venida a menos con la democracia.

El encuentro, el diálogo han sido elementos de integración

Nos preguntamos si hoy este equilibrio entre vigilancia y acogida no se ha roto en detrimento de éste.

El miedo de desbordamiento de ciertas formas de expresión islamista o sectarias corren el riesgo de traducirse en un desafío frontal de toda forma de expresión religiosa.

La proposición de prohibir a los alumnos llevar cualquier signo religioso en el marco escolar cuando no perturba el orden público nos parece una regresión de la libertad religiosa. Estamos inquietos cuando la demanda de una ley lleva a la educación de las conciencias y a una pedagogía que se inscribe en la duración Medidas sentidas como represivas, lejos de favorecer la comunidad, no hacen más que ir en contra. Llamamos la atención sobre este punto. La verdadera laicidad es la que contribuye a facilitar un mejor entendimiento entre todos los componentes de la sociedad