Cristianismo y democracia


Parece que nadie sabe las «verdaderas» causas de la animosidad bélica de Norteamérica frente a Sadam Husein - no contra Irak - . Lo único seguro hasta ahora es que está empleando un medio de presión normal en las relaciones internacionales: la amenaza de guerra. Si diera resultado no habría guerra. Pero hay especulaciones, la mayoría pura y simplemente idiotas o fantásticas y, por supuesto, no faltan las razonables. Entre esas conjeturas e hipótesis hay al menos una cuyo alcance rebasa el caso concreto: el propósito oculto consistiría en implantar la democracia en Irak como una especie de enclave desde el que irradiara por lo menos al mundo musulmán. Se recuerda el caso de Alemania y, sobre todo, el de Japón. La democracia como un artículo de exportación.

Ahora bien, ¿puede existir la democracia si la cultura no es cristiana? ¿Es posible sin los supuestos cristianos aunque la religión esté secularizada? ¿Puede florecer la democracia fuera de la tradición cristiana? Los regímenes políticos sólo pueden funcionar aceptablemente y sobrevivir en la medida en que son coherentes con su contexto social, con su circunstancia, sea la circunstancia orteguiana o la necessitá maquiavélica. Si no es así, el régimen tendrá que ser tiránico o, por lo menos, despótico, al ser la coacción la única garantía de su perpetuación.

Alexis de Tocqueville, el gran pensador de la democracia, expresó sus dudas, concluyendo en el fondo que su posibilidad y su éxito dependen del cristianismo. «El cristianismo, aun cuando exige la obediencia pasiva en materia de dogma, es, no obstante, de todas las doctrinas religiosas, la más favorable a la libertad...» Y, «en cualquier interpretación que se le dé, es también de todas las doctrinas religiosas la más favorable a la igualdad...» Sus dogmas constituyen una garantía contra las extralimitaciones de la opinión pública (frente a la tiranía de la opinión pública); razón por la que consideraba superior al catolicismo sobre el protestantismo desde el punto de vista de la democracia: «Pienso que se hace mal en considerar la religión católica como un enemigo natural de la democracia. Entre las diferentes doctrinas cristianas, el catolicismo me parece, por el contrario, una de las más favorables a la igualdad de condiciones»... «Si el catolicismo dispone los fieles a la obediencia, no los prepara para la desigualdad. Diré lo contrario del protestantismo, que en general lleva a los hombres mucho menos a la igualdad que a la independencia». Comparando en otro lugar el cristianismo precisamente con el Islam, decía que al contener el Corán «no solamente doctrinas religiosas, sino también máximas políticas, leyes civiles y criminales y teorías científicas... no puede dominar durante largo tiempo en épocas de ilustración y democracia...» En cambio, como «el Evangélico no habla más que de las relaciones generales de los hombres con Dios y entre ellos... está destinado a reinar en esos siglos y en todos los demás».

Así pues, para democratizar Irak habría que intentar primero su conversión al cristianismo, empresa que sería además de otras cosas una utopía.

Cabe aplicar a Europa la misma doctrina. Por una parte, muchas de las dificultades que ha tenido y tiene aquí la democracia, ¿no son debidas a su enfrentamiento con el cristianismo y las tradiciones cristianas? Por otra parte, ¿podrá subsistir en Europa la democracia si la descristianización va más allá de la secularización haciéndose ella misma una suerte de religión? ¿Qué clase de «democracia» sustituiría a la democracia más o menos liberal —en realidad cada vez menos— que es la vigente? ¿Se aspira a una democracia enfrentada al cristianismo o a la tradición religiosa europea?

El tema empieza a ser uno de los más candentes y, entre otros autores, recientemente ha abordado la cuestión en un libro sobre La democracia en Europa el inglés L. Siedentop: «La ontología cristiana - escribe - , suministró el fundamento de los que hoy suelen describirse como valores liberales: el compromiso con la igualdad y la reciprocidad, así como el postulado de la libertad individual...» Es un tema fundamental para el porvenir de Europa.

Dalmacio Negro.