La magia del clón.
¿Cuándo podremos ver a un ser humano clónico?
Entrevista a Natalia López Moratalla
Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Navarra,
por Antonio Orozco-Delclós
18 de febrero de 2004


La doctora López Moratalla es de sobra conocida por los lectores de Arvo (http://www.arvo.net), a través de la sección Ciencia y Fe que dirige en nuestra página www.arvo.net. El pasado día 13, después de ver en un kiosco las letras enormes de un titular de La Vanguardia que llenaba la mitad de su portada, acerca del trascendental paso que se había dado en Corea hacia la clonación de un ser humano, me encuentro con un breve artículo de nuestra doctora, en abierto contraste con los aspavientos de la prensa nacional, por cierto, no tanto, ni mucho menos, en la extranjera. El epicentro del terremoto se hallaba en un artículo publicado por la revista Science en el que se decía haber conseguido en Seul «una línea celular derivada de una célula madre embrionaria de un blastocisto humano clónico».

La palabra «clónico» resonó por el universo mediático científico político hispánico como el eco de una bomba de neutrones que habría de sembrar el pánico entre los los retrógrados defensores de la dignidad del ínfimo y miserable ser humano del embrión (humano, con perdón), a la vez que encendería de luz rutilante e inextinguible la bandera del progresismo ilustrado científico-técnico exento de barreras éticas, religiosas y político-ajenas.

La primera pregunta a la doctora López Moratalla es la siguiente: ¿qué significa este resultado de los científico-técnicos de Seul?

Desde luego, un paso adelante en la manipulación de células para que tengan la dotación genética deseada, y puedan obtenerse en cantidad, para estudios en el área de la biomedicina. Se ha cultivado una célula troncal embrionaria (lo que vulgarmente se suele llamar «célula madre embrionaria») de forma que se ha «inmortalizado», en el sentido de que puede guardarse, venderse y ser utilizada por diferentes investigadores. La célula madre en cuestión es del tipo embrionario y procede de una agrupación celular (no de un verdadero «blastocisto», como se ha dicho, que sería un embrión de cinco días). Lo que se ha hecho es tomar un óvulo, quitarle su núcleo y transferirle el núcleo de una de las células que acompañan y rodean al óvulo. A esto se ha llamado "nuclóvulo", que no es de ninguna manera un «cigoto»; con otras palabras, no es el resultado de la unión de un óvulo con un espermatozoide, que es lo que sería un embrión y, si fuera humano, un ser humano, una persona humana. Una célula que proceda de la activación de un óvulo sin fecundar nunca será un cigoto, es decir, nunca será un individuo, nunca será un embrión y nunca, por tanto, se podrá gestar para que llegue a nacer. Lo que se ha logrado es que, lo que se llama un «huevo huero» o partenote –que no es un embrión-, produzca en cultivo células del tipo «madre embrionarias». Se ha conseguido un conjunto celular clónico que solamente se parece a un blastoncito.

Si se entiende esto, que es elemental en biología, es claro que lo que se ha obtenido en Seul, no es un clon humano, ni siquiera un embrión clónico. Experimentos anteriores habían conseguido por el mismo sistema clones de ratón, pero nunca se han conseguido clones de primates a pesar de haberse realizado más de 700 intentos. La razón es muy sencilla, para que la dotación genética se adecuara a la que corresponde a un nuevo individuo cigoto, y que éste se desarrollara hasta llegar a ser, primero blastocisto, después continuara su desarrollo y pudiera llegar a nacer, el «nuclóvulo» requeriría nada menos que ser "reprogramado". Casi nada...


¿Es posible que los investigadores de Corea se hayan atrevido a mentir en asunto tan delicado y, al parecer, sencillo de destapar?

Lo cierto es que en el título del artículo en cuestión, los investigadores de Corea dicen: "Evidencia de una línea celular de madre embrionarias humanas pluripotentes derivadas de un blastoncito clonado". En el resumen advierten que que no pueden excluir la posibilidad de que se trate de una partogénesis en vez de una clonación. Y en el interior del artículo demuestran, ciertamente, que han conseguido células del tipo «madre embrionarias» con información genética a partir de un núcleo de células somáticas, pero ¡se cuidan muy mucho de decir que se trate de un embrión!... Es más, los científicos echamos de menos la foto de al menos uno de esos conjuntos celulares que han llamado «blastoncito clónico». Y es una pena, porque conocemos bastante bien la "cara" de los embriones de cinco días: los reconoceríamos enseguida.

¿Se podrá conseguir algún día un clón humano?

-Puede suceder que algún día se consiga clonar un primate o un ser humano, pero seguimos lejos. Las barreras biológicas que dificultan este paso, gracias a Dios, son fuertes. Esas barreras, hoy por hoy, nos protegen de la insensatez de copiar seres humanos para intereses de terceros. Pero aun así, esta experimentación es innecesaria y usa a las mujeres, que "donan" sus óvulos, como conejillos de Indias. Hablar de clonación es una forma interesada de captar atención. En cuanto aparece la palabra mágica «clónico», la imaginación se desboca, empiezan las falacias, las confusiones, los enredos, los chicos se creen las películas de Schwarzenegger y los mayores las promesas de aquellos políticos «ilustrados» que ignoran el abc de la biología e invierten millones en proyectos sin futuro, con enormes problemas éticos, en lugar de invertirlos en los que pueden ser aceptados pacíficamente por todos y conducen antes, más y mejor a la solución pacífica de muchas de las enfermedades que hoy nos preocupan especialmente.

Pero es tan fascinante jugar a doctores Frankestein, y soñar en el Mundo feliz de Aldous Huxley… ¿Se imagina? Crear una raza «humana» clónica trabajadora, para que los demás podamos jugar a ser demócratas como en la época de Pericles: unos veinte mil, nosotros, demócratas, en Atenas (en números redondos) y otros doscientos mil, esclavos, trabajando dieciocho horas al día sin quejarse. ¿No es fascinante?

En efecto, es fascinante; mejor, es estupefaciente, como diría Ortega. El mismo confusionismo terminológico que se trata de imponer, como el de hablar de "pre-embrión" a lo que es sencillamente embrión, porque se es o no se es, que tanto favorece a quienes desean atraer la atención, tiene su razón de ser en el reiterado deseo de reducir la vida biológica humana de un verdadero embrión humano a una calidad "pre": "pre-personal". Metiendo lo que es un ser humano en su etapa de embrión –que crece en la unidad vital cómo un organismo verdadero-, en el mismo saco que todas aquellas formas de conjuntos celulares que por partir de un óvulo (más o menos manipulado) se organiza en estructuras “embrioides” y se parecen (a primera vista) a un embrión; así se va consolidando la reducción del valor de un ser humano incipiente al del material codiciado por científicos y empresas biotecnológicas.

Clonar un ser humano, tanto si es para parar su proceso vital a los pocos días de vida -y así obtener material de investigación-, como si es para que llegue a nacer, crecer y ser adulto, carece en absoluto de justificación. No se trata de que algunos tengan la crueldad de oponerse a un tratamiento médico más o menos novedoso, ni de que nadie con sentido común tenga miedo a la ciencia o a su progreso. Lo que sucede es que hay políticos que intentan aprovecharse del confusionismo creado artificiosamente para el desgaste político de los contrarios, o para desacreditar a instituciones como la Iglesia. Así de claro, lamentablemente.

La realidad es que ni hace falta clonar a un enfermo para curar nada, ni se ha clonado a nadie. Hoy por hoy, la clonación de un primate -que, no hay por qué negarlo, biológicamente lo somos-, sigue siendo ciencia-ficción. La clonación de un individuo es mucho más que la mera transferencia del núcleo de una célula de adulto a un óvulo desnucleado. Ciertamente, la transferencia de un núcleo es una primera etapa, necesaria para clonar, pero no es suficiente. Se requiere añadir otro proceso más: una "reprogramación completa" del genoma, técnicamente tanto más compleja cuanto más complejo es el individuo que hubiera de resultar.

En fin, ¿ni a usted ni a mí nos cabe la "esperanza" de ver realizado el mundo huxeliano?

Hoy por hoy, la clonación de un primate sigue siendo ciencia-ficción. ¿Por mucho tiempo o tendremos pasado mañana en primera página de los periódicos la primera foto de una niña clónica? A la vista de la realidad, tan fácilmente olvidada, del fracaso de la clonación de especies animales menos complejas que la nuestra, del reciente fracaso de los más de setecientos intentos con primates y del fracaso del primer intento con humanos de finales de 2001 (por el mismo equipo de Cibelli, de la empresa ACT, que ahora se suma como autor en la publicación del grupo de Corea), estoy segura de que, al menos... los de mi quinta, no veremos esa foto. Mientras tanto, es muy de agradecer que se nos siga recordando que un ser humano merece de suyo mucho más, muchísimo más, que ser producido como copia de otro para cualquier plan.

Antonio Orozco Delclós
Director de Arvo Net
Doctor en Filosofía
http://www.arvo.net
orozco@arvo.net