Por Eduardo Ojeda


La palabra bioética se traduce literalmente como ética de la vida. La ética tiene que ver con la conducta de la persona humana que se asume como libre y responsable de su destino.

Esta palabra es usada sin embargo más específicamente en relación a lo que tiene que ver con los avances tecnológicos en el campo de la Biología y la Medicina. Avances que provocan nuevos interrogantes en el campo de la ética. Porque cuando el hombre llega a tener en sus manos el poder de cambiar a los seres vivos y manipularlos genéticamente, es bueno que se pregunte cuales son los límites de sus acciones, qué es lo bueno y lo malo, lo humano y lo inhumano.

En los últimos años, debido a los desastres ecológicos que ha provocado la actividad humana, el ser humano ha descubierto que tiene una gran responsabilidad frente a su planeta y a los otros seres vivos que habitan en él, ya que es el único ser con la capacidad no sólo de influir en el medio ambiente sino de transformarlo radicalmente.

1. -¿Qué relación hay entre la bioética y la ética cristiana?

Hay una fuerte y directa relación. Sin quitarle autonomía a la ciencia, la fe cristiana le ayuda a humanizarse y a no ver los problemas que trata con el fácil pragmatismo, pensando al hombre como un objeto de estudio o un cobayo de laboratorio. La ética Cristiana nos habla de la dignidad del hombre, hecho a imagen de Dios, sienta sus bases en la Biblia y sobre todo en el mensaje de Cristo.

Jesús no formuló ningún código ético, pero sí habló acerca de la verdadera dimensión del hombre, de su destino de grandeza y libertad, de su responsabilidad frente al proyecto del Padre Dios, proyecto que se realiza fundamentalmente en el amor. A la luz de este concepto, descubrimos que toda actividad humana debe tener por fin desarrollar y hacer crecer a la persona en dignidad y en libertad; es en este punto donde la Bioética y la ética Cristiana confluyen.

Pero este proyecto del Padre, no es algo acabado, explícito y completo, sino que debe ser descubierto constantemente tanto en la Biblia como en la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. No se trata de buscar pasajes bíblicos aislados para fundamentar o condenar determinadas conductas. Se trata de captar el Espíritu del mensaje evangélico para aplicarlo en el hoy. San Ireneo de Lyon, preguntándose cual era la Gloria de Dios decía: 'La Gloria de Dios es el hombre viviente'. El hombre viviente era para el gran pensador cristiano, el ser humano viviendo en plenitud de dignidad, de libertad, de amor y de vida.

Juan Pablo II recordaba no hace mucho, la necesidad de una colaboración entre la ciencia, la cultura y la religión cristiana. 'Esta colaboración -decía a los participantes de un Simposio sobre la ciencia en el contexto de la cultura humana- es necesaria pero difícil. No obstante los prejuicios recíprocos viejos y nuevos, que han podido alejar las unas de las otras: los trabajos de ustedes confirman nuestra común voluntad de trabajar por el bien del hombre.'

(Fuente: Osservatore Romano 6-11-1991).


2. -¿Qué es la eutanasia? -¿Cuál es la posición de la Iglesia frente a esta tema?

La palabra Eutanasia viene del griego y significa: 'muerte dulce'.

En el mundo occidental, muchos han alzado la voz, pidiendo que se conceda a los enfermos terminales el derecho de terminar su vida, antes que la enfermedad les provoque graves sufrimientos y dolores que no desean sufrir. También se habla de aquellos que provocan la muerte de un ser querido por piedad.

La Eutanasia se practica interviniendo para provocar la muerte en forma directa, o simplemente omitiendo el tratamiento necesario para prolongarle la vida. En ambos casos existe la deliberada intención de causar la muerte del enfermo.El médico norteamericano Jack Kevorkian, apodado el 'doctor muerte', se hizo famoso y millonario al inventar y utilizar una máquina que mata sin dolor a los pacientes que así se lo soliciten; de esta forma según él, se logra una 'muerte digna'.

Para los cristianos la vida humana es un don sagrado y maravilloso, recibido de Dios. Por eso, la Eutanasia es considerada como un asesinato. 'El hombre está llamado a la vida y a una plenitud de vida, que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena... Lo sublime de esa vocación sobrenatural, manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana, incluso en su fase terminal.' (Juan Pablo II, 'Evangelium Vitae' n.2)

Todo cristiano tiene el deber de respetar, valorar y defender la vida humana. No existen 'vidas inútiles' que sean cargas para los otros. El sufrimiento y el dolor no justifican ni dan derecho a disponer de la vida de un ser humano. La muerte no es el término final y último de la vida del hombre, ni un fin absurdo de la misma.

La mentalidad que ve a la Eutanasia como un derecho absoluto, nace de una visión que prescinde de Dios y que cree erróneamente que el hombre es dueño absoluto de su vida, siendo responsable sólo ante sí mismo de sus acciones. Por más que se quiera ver a la Eutanasia como un bien, no deja de ser un acto absurdo e inhumano que ningún fin puede legitimar.

'El personal médico y de enfermería debe estar al servicio de la vida y asistirla hasta el final, no puede prestarse a ninguna práctica eutanásica, ni siquiera ante la solicitud del interesado, y aún menos de sus parientes. En efecto, las personas no poseen un derecho a la eutanasia, porque no existe el derecho de disponer arbitrariamente de la propia vida. Ningún agente de la salud, por consiguiente puede hacerse tutor de un derecho inexistente.' ('Carta de los agentes de la salud' n. 148, Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud). Esto no significa que tenga que prolongarse artificialmente la vida de una persona. Todos tenemos derecho a vivir y a morir dignamente. Pero esto no significa que se nos prolongue artificialmente la vida por medio de técnicas, medicamentos o aparatos que produzcan lo que se ha dado en llamar el encarnizamiento terapéutico.

Es lícito en un enfermo terminal, recurrir a calmantes (aun con el riesgo de acortarle la vida) que permitan que el enfermo viva los últimos momentos de su vida sin sufrimiento innecesario. Es legítimo y digno desear una muerte sin desfiguración, dolor y aislamiento y no se opone al Evangelio. Un paciente terminal nos da muchas veces una lección enfrentando la muerte con gran dignidad, somos nosotros los que deberíamos acompañar al enfermo los que a menudo nos comportamos indignamente.

(Fuentes: 'Evangelium Vitae' Juan Pablo II; Carta a los Agentes de la Salud del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud; Diccionario de Teología Moral Rossi-Valsechi).

3. -¿Tiene derecho un enfermo terminal a conocer su situación?

No se puede negar este derecho. El enfermo debe saber la verdad. Antes de morir una persona, debe poder disponer de su voluntad en todo lo que tiene que ver con sus relaciones familiares y sociales. Para el creyente en particular, este momento se ve iluminado por la fe, como la ocasión de reconciliarse, de recibir la Santa Unción y de prepararse debidamente para el encuentro con Dios.

A veces los familiares presionan al médico para que no le revele la verdad al enfermo y piensan que la visita del sacerdote puede asustarlo. La comunicación de una enfermedad terminal debe ser hecha con amor, comprensión, solidaridad, y que no sea simplemente un frío y escueto comunicado de un dato clínico. Pero el enfermo tiene derecho a conocer su situación.

La verdad es importante, debe ser dicha con amor y respeto. Los miedos y los escrúpulos no surgen del cariño al enfermo, son muchas veces síntoma de nuestros propios miedos frente a la muerte. El enfermo terminal nos recuerda que un día, nosotros también moriremos. Sólo quien ama la vida y la ve como un maravilloso regalo de Dios puede enfrentar estos miedos.

(Fuentes: Diccionario de Teología Moral. Rossi-Valsechi; Carta a los agentes de la Salud del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud).


4. -¿Qué es el proyecto Genoma?

Se llama Genoma al conjunto de información genética que posee el ser humano en la totalidad de sus genes. El Proyecto Genoma es una investigación que intenta descifrar el código genético humano.

En el núcleo de las células de todos los seres vivos se encuentran los genes que se componen de unas extrañas y complejas moléculas de una sustancia llamada ADN (ácido Desoxirribonucleico). Estas moléculas están compuestas por varias proteínas y azúcares y tienen forma de espiral helicoidal. Fueron descubiertas y descriptas por los científicos Watson y Crick en 1958, lo que les valió el premio Nobel. Ellos descubrieron que estas moléculas son capaces de dividirse y construir réplicas exactas de sí mismas, ofreciendo la información que determina la construcción de nuevas células. Esto explica por qué los hijos se parecen a sus padres, físicamente y en su temperamento, y por qué hay enfermedades genéticas que se transmiten de padres a hijos.

El ADN cumple un importante papel en la generación de una nueva vida. Cuando el 'Nuevo Ser' humano ha sido concebido, el 'Cigoto', resultado de la fecundación del óvulo, ya tiene en los genes de su núcleo celular, todas las instrucciones precisas para el futuro desarrollo de ese nuevo ser humano. El ADN tiene información de cómo sintetizar proteínas, enzimas, hormonas y cómo construir las distintas células de los distintos tejidos, órganos y partes del nuevo ser. Por supuesto, este código genético es difícil de interpretar y el conjunto de su información llenaría bibliotecas enteras; pero hoy, gracias a la tecnología, podemos descifrarlo.

Así, en un ambicioso proyecto y con el auxilio de poderosas computadoras, un conjunto de científicos, liderados por James Watson (uno de los que descubrieron la estructura del ADN), ha comenzado desde la década del 80, a descifrar el Genoma Humano. La información obtenida permitirá un avance importante en la Biología y la Ciencia Médica y permitirá corregir mediante manipulación genética, enfermedades hereditarias como el síndrome de Down, la hemofilia, la diabetes, el asma, e incluso impedir la aparición de enfermedades que tienen base en un mal funcionamiento de los genes como el cáncer, las afecciones cardiovasculares, y la misma obesidad.

En este sentido el uso de esta información sería deseable y positivo. Pero también esa información se podría usar para cambiar la información genética de un embrión humano, o para modificar a voluntad, las características de un recién nacido. Esto ya se hace con los animales y los vegetales, pero ¿será oportuno con el ser humano? Los seres humanos no somos cobayos de laboratorio, y la investigación y manipulación del cuerpo humano y de sus genes, tiene sus límites. Es lícito poner la ciencia al servicio de la salud y el bienestar, pero no tenemos derecho a manipular la naturaleza humana.

'La vida humana es a la vez, irreductiblemente corporal y espiritual. En razón de su unión sustancial con un alma espiritual, el cuerpo humano no puede ser considerado ni valorado del mismo modo que el cuerpo de los animales, ya que es parte inherente de la persona, que a través de su Cuerpo se expresa y manifiesta.' (Carta de los Agentes de la Salud n. 39). Por su parte, la Congregación para la Doctrina de la Fe, afirma: 'Algunos intentos de intervenir sobre el patrimonio cromosómico y genético (genoma) no son terapéuticos sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo y otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones genéticas son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad e identidad. No pueden justificarse de modo alguno a causa de posibles consecuencias beneficiosas para la humanidad futura. Cada persona merece respeto por sí misma; en esto consiste la dignidad y el derecho del ser humano desde su inicio.' ('Donum Vitae' n.6).

Esta práctica, llamada eugenesia, que intenta determinar las características del embrión humano, ya fue realizada por el III Reich alemán que esterilizaba a las personas consideradas débiles y genéticamente defectuosas, favoreciendo a su vez, a los más fuertes y con características 'arias'. Para que el Proyecto Genoma no llegue a aberraciones como éstas, debe elaborarse un marco ético para la investigación científica que permita fijar límites al investigador, promoviendo el respeto por la dignidad y la vida humana.

(Fuentes: Carta Pastoral de la Salud del Pontificio Consejo de Pastoral de la Salud; 'Donum Vitae' de la Congregación para la Doctrina de la Fe).


5. -¿Se puede admitir el aborto terapéutico?

La doctrina y la tradición cristiana afirma claramente que en ningún caso puede admitirse el aborto. El ser humano comienza a existir desde el momento de su concepción. Desde ese momento empieza su inalienable derecho a la vida. El aborto siempre es una negación de la vida, como un homicidio o un asesinato.

Algunos sin embargo dicen: 'Hay un momento en que el embrión humano es inmaduro; además no puede sobrevivir fuera del cuerpo de su madre por tanto aún no es un ser humano completo'. Si éste es el criterio, se podría también aplicar al niño recién nacido, que sin ayuda perecería. Si la dependencia es el criterio, podría gruesamente decirse que un bebé, o también un niño, un adolescente, un anciano, no son seres humanos.

Otros dicen: 'No se puede obligar a la mujer violada a tener el hijo de esa brutal agresión'. No puede remediarse un mal con otro peor. El ser humano en gestación es inocente y no tiene culpa de la violación. Siempre hay matrimonios que al no poder tener hijos, lo adoptarían. No se puede vengar una injusticia en un ser inocente.

Otros dicen: 'Toda mujer puede abortar porque tiene derecho a disponer de su propio cuerpo'. Suena muy democrático, pero esta consigna de cierto feminismo radical, desconoce que en un embarazo hay dos vidas y dos cuerpos en cuestión: el de la madre y el del hijo (o hija) que tiene también derecho a disponer de su cuerpo.

Otros plantean que si el niño es defectuoso o tienes defectos genéticos se puede recurrir al aborto (eugenésico). Detrás de esa afirmación se esconde el criterio de 'control de calidad' que es inaceptable para seres humanos. La historia ha registrado las terribles consecuencias de esa mentalidad en la Alemania nazi. Si la perfección fuese requisito para la vida, -quién tendría derecho a ella? No son los discapacitados los que no son felices a causa de su condición, sino los que no los saben aceptar. Véase por ej. la película 'Mi pie izquierdo' basada en el caso real de un niño parapléjico que demuestra el enorme potencial de las personas minusválidas.

Otros dicen: 'Si la madre está grave y peligra su vida, se puede recurrir al aborto terapéutico para salvar a la madre'. Hoy en día la ciencia médica garantiza que prácticamente no hay circunstancias en la cual se deba optar entre la vida de la madre o la del hijo. Este conflicto pertenece a la historia de la obstetricia. Ya en 1951 el Congreso de cirujanos del American College dijo que 'todo el que hace un aborto terapéutico, o ignora los métodos modernos para tratar las complicaciones de un embarazo o no quiere tomarse el tiempo para usarlos'.

En todo caso, la ética médica recomienda que en el caso de complicaciones en el embarazo, reconocido el valor de la vida del niño tanto como el de la madre, se debe correr riesgos proporcionados para salvar a los dos, y nunca tener como salida la muerte premeditada de uno de ellos. Es distinto el caso cuando se deba realizar una intervención curativa en la madre que se juzgue inaplazable y eficaz. Llamar 'terapéutico' a un aborto significa usar de un término en forma absolutamente impropia: terapéutico es lo que cura; el aborto no le cura nada a nadie.

(Fuentes: 'Carta de los derechos de la Familia', n. 4.; 'Humanae Vitae' n. 14; 'Donum Vitae' n.1; Diccionario de Teología Moral. Rossi Valsechi).


6. -¿Son éticamente correctas las intervenciones quirúrgicas prenatales?

La cirugía prenatal puede ser realizada actualmente con muchas probabilidades de éxito. Como en toda operación, existen riesgos, pero se han logrado corregir defectos congénitos y salvar la vida a algunos niños. Es necesario que la intervención sea lo más segura posible. No se puede arriesgar la vida del feto. Cuando hay garantías que el niño pueda nacer sin dificultades y existen terapias posibles luego del nacimiento, no es oportuno poner en peligro su vida antes del nacimiento. Pero si el feto no es viable, la intervención prenatal no sólo se puede sino que se debe realizar.

(Fuentes: Carta de Agentes de la Salud n. 36; 'Donum Vitae' n. 36).


7. -¿Es lícito experimentar nuevos medicamentos o terapias con seres humanos?

El cuerpo del ser humano no es una mera máquina biológica de tejidos y órganos, y no puede ser valorado en la misma medida que el cuerpo de un animal. Por eso cualquier intervención sobre el cuerpo humano no alcanza sólo a los tejidos y órganos, sino que alcanza también y en diversos niveles a la persona misma, al yo. En el cuerpo y a través de él se llega a la persona misma, en su realidad concreta. Por eso cualquier intervención quirúrgica, medicinal o experimental sobre el cuerpo humano, no es neutra y merece una valoración ética. Tomando en cuenta la valoración que la ética cristiana hace de cada ser humano, sacamos algunos principios éticos.

Respecto al médico o investigador: Debe respetar profundamente la vida o dignidad del paciente y tener una profunda rectitud en su investigación. No puede actuar guiado por intenciones de lucro o prestigio, sino que debe buscar antes que nada, el bien integral del paciente, y de la humanidad en general.

En cuanto a las características de la investigación: Esta puede ser efectuada con objetivo de conocimiento, utilizando métodos de observación científica, acerca de la fisiología y comportamiento del cuerpo humano. También puede tener un fin terapéutico; en este caso busca verificar el efecto desconocido o no, de un determinado tratamiento (farmacológico o quirúrgico) destinado a curar una afección. Si se trata de seres humanos vivos, la investigación directamente terapéutica es lícita, sólo si las personas no son puestas en peligro. Aunque el fin sea noble, el paciente no es medio para lograr algo. Aún con el consentimiento del paciente no se puede poner en peligro su vida.

Aún en el caso de enfermos graves hay ciertas condiciones para respetar:

* El paciente debe ser informado previamente, conociendo en la medida de sus posibilidades el riesgo de la intervención.
* Si el enfermo no está consciente, se recurrirá al permiso de sus familiares más cercanos.
* Es lícita la investigación terapéutica realizada en enfermos terminales en un intento de salvarles la vida, no habiendo otra terapia alternativa que sea segura y pueda lograr este fin.
* Si la terapia experimentada no compromete su integridad física o psíquica. Se debe evaluar la proporción entre el bien terapéutico buscado y los riesgos que se corren (cfr: 'Decálogo del experimentador', redactado por el Tribunal de Nüremberg en 1947).
* Que se utilicen métodos terapéuticos previamente experimentados con éxito y acompañados de un estudio profundo.

En cuanto a la investigación en animales o en cadáveres de seres humanos: Se podrá realizar una investigación científica con animales, procurando no producirles dolor o sufrimiento innecesarios. La vida siempre, aun cuando no sea humana, merece nuestro respeto pues viene de Dios. Respecto a los cadáveres de seres humanos (certificado debidamente su fallecimiento), si no hay autorización previa del difunto, se buscará la de sus familiares. Deberá ser realizada con el absoluto respeto que merecen los restos mortales de toda persona. Toda práctica comercial con los cadáveres o el material genético de fetos es moralmente ilícita.

Respecto al material genético humano: La enseñanza de la Iglesia afirma con determinación que es inmoral producir seres humanos en estado embrionario, para usarlos como material biológico disponible para investigación o experimentación.

(Fuentes: Diccionario de Teología Moral, Rossi-Valsechi; La ética en la Investigación y en la experimentación médica, Carlos A. Scarponi).


8. -La Iglesia, ¿Permite la donación de órganos?

Desde hace algunas décadas el trasplante de órganos se ha vuelto una especialidad médica introducida en todo el mundo con notables resultados. Durante el año pasado en Argentina, por ejemplo, hubo 700 trasplantes, un 35% más que el año anterior. Sin embargo, la lista de los que esperan un trasplante supera las 6.000 personas.

En el caso de las transfusiones de sangre y el trasplante de órganos, la Iglesia se ha pronunciado favorablemente en la medida que esto significa un don para los hermanos más necesitados. Simplemente se subraya la importancia de respetar en forma absoluta la libertad y la conciencia del donante sin perjudicarlo en nada.

Por otro lado, la escasez de donantes obliga a costosos tratamientos para algunas enfermedades. Así por ejemplo, a nivel mundial, el 80% de los enfermos renales no puede conseguir el dinero suficiente para una diálisis. En Perú el costo para dializar a un paciente equivale a lo que producen al año 50 trabajadores, en Egipto 100, y en Mozambique 750. Muchos pierden su vida esperando algún donante. Con todo esto se deduce la urgencia de que todos tomemos consciencia de la importancia de las donaciones de órganos.

Por otra parte, han ocurrido varios casos de negligencia culposa o de deliberados atentados contra la integridad de las personas. Es el caso, por ej., del 'turismo de los trasplantes': europeos que se trasladan a países del Tercer Mundo (India, Tailandia, etc.), consiguiendo allí donantes de órganos a bajo precio. Hubo quien estimó que para el 2000 la mayoría de los pobres de la India tendrá un solo riñón. En América Latina son conocidos los casos de tráfico de órganos, llegando al secuestro de niños y jóvenes, especialmente en Paraguay y Brasil.

Los problemas no nos tienen que hacer olvidar el valor altamente positivo y solidario de la donación libre y consciente de los órganos, especialmente después de la muerte. En este caso conviene dar el propio consentimiento comunicando también a los parientes para que ellos lo puedan confirmar en el momento que se necesite.

(Fuentes: 'Muy Interesante' n. 125; Carta Pastoral de la Salud del Pontificio Consejo de Pastoral de la Salud)


9. -¿Qué dice la Iglesia de la inseminación artificial y de la fecundación in vitro (bebé de probeta)?

La inseminación artificial se da cuando la fecundación se realiza introduciendo por medios mecánicos, el esperma del esposo o de un donante. La Iglesia desaprueba este método porque el acto conyugal que es la expresión viva de la comunión entre hombre y mujer durante el matrimonio no se puede sustituir por un simple acto mecánico de producción.

Por eso, si el medio técnico intenta reemplazar al acto conyugal no es moralmente correcto. Sólo es moralmente lícito cuando intenta ayudar al acto conyugal a ser más pleno y efectivo pero no lo reemplaza. ¿No sería adecuado plantearse el recurso de adopción como una forma de vivir la paternidad y la maternidad?

La Iglesia se opone también a la fecundación homóloga 'in vitro', más conocida como el 'bebé de probeta'. La fecundación 'in vitro' se realiza sin el acto conyugal. El médico retira varios óvulos del organismo de la esposa, y en una probeta a temperatura corporal, los conserva y mezcla con esperma del esposo. Los óvulos en la probeta se fecundan con mayor facilidad que en el cuerpo femenino. Así se obtienen varios embriones humanos. De estos se elige uno, el más viable, los otros se desechan o conservan en nitrógeno líquido, por si la pareja los desea usar en otra oportunidad. Luego se coloca el embrión en el útero de la madre y se espera que el embarazo transcurra hasta el nacimiento.

Este método como el anterior, reemplaza el acto conyugal, que como medio de expresión de amor y autodonación es el único 'lugar digno' para lograr la concepción humana. La técnica no puede sustituir al amor conyugal, origen legítimo de la persona humana. Los embriones desechados y guardados son seres humanos, y tienen derecho a la vida. El guardarlos como 'depósito' abre las puertas a que los médicos dispongan de ellos como material de laboratorio. Además para lograr la viabilidad del embrión, hubo que seleccionar a uno y desechar a los otros. -Quiénes somos nosotros para decidir quien vive y quien muere? Sólo Dios es dueño de la vida.

El legítimo deseo de tener un hijo tiene sus límites. El hijo no es una propiedad de los padres, ni fruto de una técnica, merece ser fruto del amor. Tener un hijo a cualquier precio no es una expresión de amor al hijo.

(Fuentes: 'Donum Vitae'; Manipulación Genética y Reproducción Asistida en el Ser Humano, Alejandro Daniel Balzán)


10. ¿Qué son los comités hospitalarios de bioética?

Son organismos consultivos y educativos, que se encargan de asesorar y acompañar al personal de salud de un hospital en la toma de decisiones respecto a la atención de los pacientes. De esta forma se consigue mejorar la calidad de la atención al paciente respetando sus derechos y su dignidad de persona humana. Lo integran un médico de cada especialidad clínica (cirujano, cardiólogo, neurólogo, psiquiatra, etc.), un asistente social, personal de enfermería, un sacerdote (o ministro de otras religiones) y un médico miembro de la dirección del Instituto Hospitalario.

Estos comités para funcionar bien deben ser autónomos de la dirección del Hospital, la cual participa como una voz más dentro del Comité. De esta forma se salvaguarda la independencia de juicio, y se evita caer en decisiones que sólo favorezcan al Hospital, sin tener en cuenta los derechos del paciente.

Las funciones de estos Comités son consultivas:

* Ayudan a los médicos y al personal de salud, a tomar decisiones en casos de pacientes terminales, o en situaciones conflictivas con los mismos.
* Permiten salvaguardar el derecho del paciente a ser respetado en sus convicciones morales y religiosas.
* Tienen una función educativa, puesto que informan y educan al personal de la salud sobre los criterios éticos que se deben respetar y vivir en la atención del paciente.
* Permiten, gracias a su composición interdisciplinaria una mejor atención al enfermo. Sus decisiones no son obligatorias pero tienen una gran jerarquía y peso; por lo general siempre son escuchadas y aceptadas, tanto por la dirección del Hospital, como por los médicos y personal hospitalario.

En Argentina a partir de 1985 aparecen los Comités de ética Hospitalaria que ahora todos los hospitales del Sistema Nacional de Salud deben implementar por ley.

En Uruguay existen Comités Hospitalarios de Bioética en tres Instituciones y existen dos Comisiones de Bioética: la del Sindicato Médico del Uruguay y la de la UCUDAL (Universidad Católica del Uruguay). A nivel legislativo el Parlamento está estudiando un proyecto de Ley para formar una Comisión Nacional de Bioética. Las comisiones de Bioética a nivel nacional no atienden problemas concretos, sino que desarrollan una labor de reflexión e investigación en torno a la Bioética, y a la ética Médica. Además organizan y participan en encuentros de intercambio a nivel internacional.

(Fuente: 'Muy Interesante' n.125, y Dra. Isabel Isaso, a quien agradecemos su colaboración).